domingo, 20 de diciembre de 2015

Cuerpos de gimnasio

Cuarenta y ocho, cuarenta y nueve, cincuenta. ¡Ya! Uffff, los excesos navideños le pasaban factura. Antes de las fiestas no le costaba tanto, esa fase estaba superada. Por primera vez en su vida llevaba cuatro meses yendo al gimnasio. ¡Todo un record! Y no iba a permitir que unos cuantos polvorones acabaran con tan buen hábito. Seguro que en pocas semanas había recuperado su "casi" buena forma. Se bajó de la máquina y se dirigió a la bici.

Acababa de sentarse, aún estaba ajustando el nivel cuando entró Mario. Con la sonrisa puesta, como siempre. Lo reconocía. Él había tenido también mucho que ver en su constancia para ir al gimnasio. Los primeros meses solo con su presencia. Los días que le daba pereza bajar le bastaba con recordar su sonrisa... bueno y sus gemelos, sus biceps, sus pectorales bajo la ajustada camiseta, sus apretados gluteos... Luego vinieron los saludos, los encuentros casuales en la puerta del vestuario, los comentarios banales... Ir al gimnasio era cada vez más fácil.

Le saludó con la mano, él avanzó hacia la zona de bicicletas. Dos besos en las mejillas, un cariñoso "¡Feliz Año!” y... un inesperado giro hacia la menuda chica que le seguía y a la que Elena hasta entonces no había visto, tapada por su impresionante torax masculino. "Elena, te presento a Carmen, mi mujer. Ha venido a probar"... ... Algo parecido a la ira ascendió por su pecho, de forma increíble, estúpida... ¿Celos? ¿Por qué? Sabía que estaba casado, y entre ellos no había nada, al menos nada real. Sólo aquellas miradas, comentarios… pero todo en modo juego; alguna que otra foto por el Whatsapp… nada serio. ¿Entonces? Forzó una sonrisa mientras murmuraba un "Encantada, y bienvenida", que se le antojó sumamente cínico. Carmen sonrió, se acercó para besarla y respondió con un "Igualmente, gracias" que sonaba bastante más sincero.

Subió a la bici y empezó a pedalear con fuerza. Mañana moriría de agujetas pero eso sería mañana. De reojo vio cómo Mario le enseñaba las máquinas a Carmen y le ayudaba a ponerse en marcha. Luego se sentó en el aparato de los abdominales, casi al lado de Elena, que le observó a través del espejo con disimulo. Adoraba ese cuerpo. Esa forma de tensarse los músculos con el esfuerzo. Si prestaba atención podía escuchar su respiración, alterada, que no forzada. Imaginó cómo sería sentir esa respiración en su piel, oír sus jadeos en la oreja... Excitante, mucho.

Vale. Tal vez sí le hubiera gustado pasar de los juegos a algo más real con él pero le tiraba para atrás saber que tenía pareja, que habría un engaño, no era su estilo. Y ahora la aparición de Carmen en escena acabaría incluso con los juegos por supuesto. La miró con disimulo. Era mona, no un bellezón pero atractiva. Demasiado delgada... al menos comparada con ella. No es que Elena estuviera obesa pero lucía unas curvas que Mario había  definido en una ocasión como "muy femeninas". Sonrió al recordar cuánto le había gustado el comentario. Buscó de nuevo su imagen en el espejo y le observó pedalear, se dejó llevar por la visión de sus depiladas y atléticas piernas. Y su culo... desde ese ángulo no podía verlo bien pero lo recordaba perfectamente. Esas dos nalgas apretadas y redondas que tanto le gustaría acariciar, besar y morder... sujetar con ambas manos mientras él la penetraba...

Sintió el calor que invadía su entrepierna... y sus mejillas, al descubrir la mirada de Carmen clavada en ella. ¿No sería capaz de leer la mente, no? Azorada se bajó de la bici, con el corazón latiendo tan fuerte que parecía que iba a estallarle. Carmen aún la miraba y por algún extraño motivo pensó que debía darle una explicación... "Uff, creo que me he pasado, jeje, creo que por hoy basta". Carmen sonrió y con una mirada traviesa comentó "bueno, la verdad es que tenías una cara de estar disfrutando que dan ganas de subir a esa bici... no pensaba que fuera tan divertida. ¿No te vas aún, no?, si quieres al salir tomamos algo los tres, tenía ya ganas de conocerte". Se giró y se fue al banco de pectorales.

¿Cómo que tenía YA ganas de conocerla? ¿Qué diablos significaba eso? ¿Por qué? ¿Qué sabía de ella? ¿Qué le habría contado Mario? Empezó a ponerse nerviosa. Le miró. Él sonreía tranquilo. Como si no pasara nada. Claro, es que no pasaba nada. Acabó su serie y vio cómo salía al vestuario, seguro que a beber agua. Elena se volvió  a mirar a Carmen con disimulo. Vio cómo ejercitaba sus pechos, cómo sus músculos se tensaban y los pezones se le marcaban. ¡Qué envidia le daba en ese momento!

Vio iluminarse la pantalla del móvil. Mensaje de Mario. ¿Pero qué hacía, estaba loco? Cuando abrió la tapa y se encontró con su torso desnudo y esa sonrisa pícara, como tantas otras veces, a punto estuvo de dejar caer el teléfono. Lo cerró bruscamente en el mismo momento que él entraba de nuevo en la sala. Pasó junto a ella, con ese olor inconfundible... ¿cómo podía oler tan bien un tío que acababa de marcarse tres tandas de abdominales?

Terminó como pudo. Algo tenía que decirle. Había que acabar con el jueguecito de las fotos. Pensó en hablar con él pero no veía cómo. Y no podía apartar los ojos de ese cuerpo atlético, de esa piel reluciente por el esfuerzo… la sesión de ese día le estaba resultando especialmente dura. Tomó una decisión. Se iba. Se levantó y de camino a las duchas pensó que lo mejor sería ponerle un mensaje, al menos no tendría que enfrentarse directamente a su mirada… “¡Cobarde!” se dijo a sí misma en voz alta, creyéndose a solas. Dio un respingo cuando la cabeza de Carmen apareció entre las taquillas con expresión confusa. “Perdona, igual te he molestado pero no podía dejar de mirarte… Mario me ha hablado tantas veces de ti… por eso me he venido ya a la ducha, te notaba incómoda”. Ahora era Elena la que, con los ojos como platos, intentaba comprender lo que estaba ocurriendo.

Carmen continuaba su perorata en tono de disculpa “… tenía ganas de conocerte pero igual no ha sido buena idea acompañarle y… … y ¿no era a mí, no?” El “bip” del móvil rompió el denso silencio. ¡Dios, Mario! ¿Se puede ser más inoportuno? Y lo peor es que Carmen estaba tan cerca que seguro lo había visto…

“Seguro que es Mario, con una proposición indecente”.
¿Qué, y lo decía tan tranquila? Elena desbloqueó el dispositivo. Bajo una sugerente foto de su paquete, Mario había escrito “Estoy solo en el vestuario, ¿vienes a frotarme la espalda?” Y su mujer a medio metro de ella. Pero eso no era lo peor. Lo peor es que, observando su reacción, parecía esperar su respuesta. ¡¡Ella!!


“Creo que te debo una explicación. Mario y yo solemos hacer ciertos jueguecitos, ya sabes para pasarlo bien. A veces incluimos a otras personas pero por supuesto se trata de que todos lo pasemos bien y creo que en este momento tú no lo estás pasando bien… Hace tiempo que sé de la atracción que Mario siente por ti y… bueno, yo tenía ganas de ponerte cara… y cuerpo”. Y calló. Como si con eso estuviera todo dicho.

“Perdona, me he perdido… ¿de qué estás hablando?”
“Vamos, somos todos adultos, solo hace falta ver con qué cara le miras.”
Su sonrisa parecía sincera.


“Disculpa, no era mi intención molestar… es que ¡está muy bueno!”, dijo sin pensar.


“¡Qué me vas a contar a mí! ¡Es mi marido!”
“Lo sé, y te aseguro que no volverá a ocurrir. Lo siento muchísimo, te pido disculpas por mi actitud… Te juro que no ha pasado nada ni pasará…”


Su sonora carcajada interrumpió la retahíla de disculpas. “Para, para, que no es eso, mujer, todo lo contrario… si lo que queríamos era solucionar esto pero de forma que los tres podamos disfrutarlo”.

“Ahora sí que me he perdido”, reconoció Elena “¿qué me estás proponiendo, un trío?” ¡Hala, ya lo había dicho, de perdidos al río!


“Jugar. Sólo si a ti te apetece. Mario me comenta que, por vuestras charlas, le pareces bastante abierta… Nosotros somos una pareja… digamos, liberal… creo que no te pilla de sorpresa”.


No, de hecho Mario le había insinuado algo en alguna ocasión. No de forma explícita pero sí lo suficientemente clara. Elena no había hecho demasiado caso pero ahora que lo pensaba algunos de sus comentarios tomaban otra dimensión. Es más, incluso recordaba haberle respondido de forma que… ¡madre mía!, sin pretenderlo le había dado pie a pensar que sí, que ella también era muy liberal, que le atraían cierto tipo de situaciones, que le gustaría participar en ellas… Y era cierto. Sentía curiosidad por lo que Mario llamaba “su vida oscura”, aunque nunca le había propuesto nada abiertamente. Bueno, y ahora tampoco. Porque era Carmen quien se lo estaba proponiendo. Mario estaba en las duchas del vestuario masculino. Esperándola. O esperándolas.

La misma Carmen que ya atravesaba el umbral de la puerta y entraba en el vestuario masculino como si tal cosa. Medio minuto después asomó de nuevo la cabeza con un “Vía libre. Ven”. Elena la siguió con curiosidad. Su Adonis particular esperaba con la toalla enroscada en la cintura y el torso desnudo. Se metieron en uno de los tres cubículos cerrados. Le miró embobada. Nada le apetecería más que un polvo con él. Pero Carmen… ¿qué papel se supone que pintaba Carmen? ¿Tendría que hacer algo con ella? Imaginó cómo sería besarla, acariciarla… No, decididamente no. Esa imagen no le atraía, pero la de Mario besándola, Mario acariciándola, Mario lamiendo sus pechos, su sexo… Sintió tensión en su vientre, y calor. Mucho calor.

Y entonces dejó de pensar. Justo en el momento en que Mario la besó, metiéndole la lengua hasta la campanilla. Respondió a sus besos, dejó que sus manos volaran por su cuerpo y arrancaran su ropa. Disfrutó de su lengua en sus pezones, de su boca recorriendo su piel. Él se agachó y devoró su sexo, con dulzura, procurándole un inmenso placer que Elena recibió con los ojos cerrados.

Cuando los abrió se encontró la atenta mirada de Carmen, que parecía disfrutar casi tanto como ella. Parecía esperar algo. Elena sonrió sin saber bien qué hacer y esa sonrisa sirvió como señal para Carmen, que no dudó en unirse a ellos, acariciando la cabeza de Mario pero sin tocar a Elena.

La lengua masculina era hábil, y pronto encontró el punto y el ritmo adecuados. Elena se agarró a las paredes, apoyó la espalda y sintió como sobrevenía el orgasmo. Casi en silencio, con un suave gemido que ahogó con una mano en su boca.

Él se incorporó y la besó. Luego besó a Carmen. Esta tiró de la toalla para abajo, dejando a la vista el miembro erecto de Mario. Luego se agachó, tomando de la mano a Elena, y lo recorrió con la lengua, por un lado, invitando a su compañera a hacer lo mismo. Era una situación tan novedosa, tan morbosa, que no se permitió pensar. Imitó a Carmen y recorrió el pene de Mario con la lengua. Acarició con la mano sus testículos, escuchando sus jadeos sofocados.

Entonces se oyó un ruido. Alguien entraba en el vestuario. Los tres se quedaron quietos. Carmen susurró “habéis venido a hacer deporte, pues ¡hala, a correr!” y salió de los vestuarios con paso ligero y la capucha tapándole la cara. Elena miró hacia abajo “¡qué pena dejarte así!” Mario sonrió, una vez más. Y acercando su boca a la oreja de ella ronroneó “Es tu oportunidad, puedes correr hacia tu casa… o hacia la nuestra…” Y dicho y hecho, él también se apresuró hacia la salida, detrás de Carmen.

Elena dudó un breve instante. Luego se cerró la chaqueta, subió la cremallera hasta la barbilla y salió en un perfecto ritmo de marcha maratoniana siguiendo el mismo camino que sus colegas de gimnasio.

miércoles, 29 de julio de 2015

La tecla adecuada


Sigo vaga. Y liada. Y con poco que contar. Todo va por rachas, ya se sabe... cualquier día de estos un calentón acaba de forma imprevista y voy y os lo cuento... jejeje. Pero hasta que eso ocurra, como aún tengo relatos ficticios escritos y que no he compartido por aquí... ¡allá va uno! para combatir los calores veraniegos ;-)
 
Apenas sabía nada de él. Que era joven, guapo, interesante... y profesor de música en la academia de su sobrino. Y que desde la primera vez que le vio, a principio de curso, se moría de ganas por llevárselo a la cama. Pero no era nada fácil. Se había ofrecido a llevar al niño a sus clases con la esperanza de encontrar una excusa pero no sabía cómo abordarle. Tanto crío por todas partes, la situación era poco propicia. Él siempre la saludaba amablemente y se despedía de ellos con una gran sonrisa... Y nada más.

Durante la clase ella se quedaba leyendo, o salía a tomar algo mientras dejaba volar su imaginación y se veía preguntándole a qué hora acababa sus clases, invitándole a un café "y lo que surja", subiendo a casa con él, arrancándole la ropa con los dientes y echando un polvo salvaje... pero cuando llegaba el momento todo se evaporaba y se iba de nuevo a llevar a su sobrino a casa, eso sí, con las bragas empapadas y un tremendo calentón.

"Vive solo para la música, o te tatúas un piano en el culo o nunca se fijará en ti", le dijo una noche de juerga su hermana, conocedora de la atracción que sentía por él. La idea desde luego era tentadora, sobre todo tras el quinto vino. Por suerte el tatuador al que se dirigió inmediatamente, viendo su lamentable estado, no le hizo ni caso e insistió en que, sin un buen diseño, no le dibujaba ni un piano ni una triste flauta.

Afortunadamente a la mañana siguiente a la juerga, la idea ya no parecía tan buena. Uff, menos mal que el tatuador no le había hecho caso. Debería ir a agradecérselo, suspiró aliviada. Dicho y hecho. Esa tarde volvió al taller de tatuajes, esta vez serena. Le vio al fondo, solo, y entró decidida.

"Hombre, ¿me traes el dibujo de tu piano?", saludó sonriente el tatuador.

Ligeramente avergonzada sintió cómo se ruborizaba al responder "No, es que anoche perdí la bufanda y..."

"Vaya, pues me temo que aquí no fue, lo siento", sonrió comprensivo, dándose la vuelta.

"La verdad es que también quería darte las gracias por no aprovecharte ayer", añadió precipitada.

Él se giró de nuevo, mostrando con su sonrisa unos atractivos hoyuelos en los que antes no se había fijado "Ah, eso, no te preocupes".

"Pensarías que estaba loca... un piano en el culo..."

"No, nada de eso. No te imaginas las cosas que me piden a veces..."

"Ya. Bueno, es que..." Por algún extraño motivo sintió la necesidad de darle una explicación "quiero que un músico se fije en mi y... me pareció... buena... idea... supongo, una tontería, en fin... Bueno, gracias y... ¡adiós!".

Esta vez fue la voz masculina la que hizo que se parara en su huida y se girara junto a la puerta al oír "Tal vez no en el culo, más que nada porque a ver qué excusa pones para enseñárselo, pero lo de tatuarse un piano tiene su gracia".

"¿Tú crees?"

"Sí, cubrir tu bonito cuerpo con un teclado podría resultar muy erótico", sus ojos la recorrieron de tal manera que sintió un escalofrío a lo largo de su columna vertebral.

Él se acercó y dibujó con su dedo en su hombro por encima de su jersey "podría empezar por aquí... y bajar..." Ella inconscientemente respiró hondo, sacando pecho y provocando que él rozara levemente su pezón con la punta del dedo. Cerró los ojos, se mordió el labio inferior y, apoyándose contra la puerta, que se cerró sin ruido, levantó un poco el borde del jersey.

"¿Y después?"

Él la acorraló contra la puerta, se inclinó junto a su oreja y metió la mano bajo el jersey, acariciando voluptuosamente su pecho "después seguiría pintando teclas por tu pecho, por tu vientre...".

Llevó los labios a su cuello y la besó sin dejar de acariciarla. En un único y rápido gesto tiró del jersey hacia arriba, sacándoselo por la cabeza, y la besó con ansia al tiempo que desabrochaba su sujetador.

"Hasta alcanzar tu ombligo..." rassssss sonó la cremallera de sus vaqueros un momento antes de que estos se deslizaran hasta el suelo por sus muslos acompañados de sus bragas y arrastrando por el camino sus botines.

Sin apenas esfuerzo la tumbó sobre la camilla, completamente desnuda, "y terminaría el tatuaje dibujando las últimas teclas junto a tu delicioso coñito" susurró hundiendo en él su cabeza y haciéndola gemir de placer ante la sorpresa de la hábil lengua que golpeaba su clítoris. Ella abrió más las piernas, disfrutando de tan inesperada situación, notando la nariz de él chocar contra su pubis. La lengua recorrió varias veces sus labios vaginales, mezclando la saliva con sus jugos, antes de entrar en ella provocando un grito de placer.

"Y entonces improvisaría una bella melodía", añadió levantando la cabeza y deslizando sus dedos por todo su cuerpo como si realmente se tratara de un piano.

La suavidad de sus manos, los toques de sus dedos sobre la piel tersa y caliente, resbalando a lo largo de su cuerpo aumentaron su excitación hasta límites insospechados.  Le deseó. Deseó que aquel extraño siguiera tocando sobre ella, notaba cada poro de su piel responder, sentía sus pechos erguidos, sus pezones erectos, su clítoris tenso.

Le sonrió excitada. Quería tocarle ella también. Necesitaba tocarle. Jadeando estiró un brazo hasta alcanzar su objetivo, la abultada bragueta del improvisado pianista. La abrió y deslizó sus dedos bajo el boxer, descubriendo satisfecha su dureza. Sacó el erecto miembro y lo acarició entre sus dedos. Lo aprisionó con toda la mano rodeándolo. Firmemente.

La mano del tatuador volvió a su zona más íntima y separó sus labios, dos dedos se abrieron camino en su interior, comenzando a moverse rítmicamente. Ella subió las rodillas y se abandonó sintiéndose más excitada que nunca. Aquella forma de masturbarla era nueva para ella. Los dedos que parecían rascar el interior de su vientre, dirigiéndose a su ombligo, mientras el resto de su mano chocaba contra la entrada de su vagina; el pulgar que estimulaba simultáneamente su botoncito... incluso el chapoteo que producían los dedos con sus fluidos la excitaba enormemente. Su cuerpo vibraba, temblaba, realmente era un instrumento en sus manos.

Comenzó a gemir escandalosamente, sin poder evitarlo. Los gritos que escapaban de su garganta seguían el ritmo de aquella mano, un ritmo casi enloquecedor. Le costaba seguir masturbándole a aquel ritmo, controlar el movimiento de su mano, de su cuerpo. Él se dio cuenta y se acercó más. Ella giró la cabeza y él acercó el pene a su boca. Ella la abrió más y sacó la lengua, invitándole a penetrarla. Alzó los brazos por encima de la cabeza y se agarró al borde de la camilla para aguantar mejor las embestidas del tatuador, con la mano en su coño y la polla en su boca. Ella sintió una gran tensión en el vientre, seguido de un fuerte deseo de orinar. Quiso gritar pero no pudo. Quería que él parara. No, que siguiera. No, que... Algo estalló en su sexo. Su cuerpo se arqueó. Un potente chorro salió de su vagina y se derramó en la mano del tatuador. El cálido líquido empapó sus piernas y chorreó por la camilla, dejando un charquito en el suelo. Luego se produjo un último espasmo y sintió su cuerpo sin fuerzas, extenuado. Nunca había sentido algo así. No se sentía capaz ni de describirlo.

Él sacó la polla de su boca y sonrió satisfecho. Agradeció el respiro, se sentía agotada, pero no podía dejarlo así. Nerviosa llevó la mano al sexo masculino y volvió a meterlo en su boca, chupando con dedicación mientras él de nuevo marcaba el ritmo sujetándola por la nuca. Supo por sus jadeos que estaba a punto de correrse. Lamió su capullo, succionando y entonces él sacó su firme verga para dejarla descargar contra sus enrojecidos pechos.

Se levantó, se limpió en silencio con el kleenex que el chico le ofrecía, mientras él hacía lo mismo. Se vistió sin decir palabra con una sonrisa bobalicona dibujada en su cara, ante la mirada divertida de él. Se dirigió a la puerta, la abrió y se giró murmurando "adios y... gracias". Después de todo, había ido a eso. Y se fue, sin tatuarse el piano en el culo. Pero contenta y satisfecha. Estaba segura de que, ni siquiera el músico, hubiera sabido mejor tocarle la tecla adecuada.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Hoy toca ciber

Me observo en el espejo mientras bajo lentamente la cremallera de mi albornoz. Hoy toca ciber. Llevas tiempo pidiéndomelo pero últimamente no me siento muy motivada para hacerlo. Sin embargo ayer salió el tema en alguna conversación y hoy llevo todo el día rondándome la cabeza. ¿Por qué no? Hoy puede ser un buen día, después de cenar, cuando te sientes al ordenador a acabar tus cosas.

Mi pecho derecho asoma por la abertura del albornoz. Parece buscar guerra. Lo acaricio con suavidad, la tendrá. Pero hoy quiero algo más especial que un albornoz y una cremallera. Algo más sexy. Salgo y te pregunto cómo quieres que me vista. Sonríes al sugerir el vestido nuevo. El rojo. Escotazo, corto y muy, muy ceñido. Así que tú también quieres guerra...

El cuerpo me pide un juego especial. Varios de nuestros amigos seguramente responderían encantados al mensaje "Voy a poner mi cam", pero... no. Quiero otra cosa. Estoy juguetona y me apetece ponerte muy cachondo, para que luego echemos un polvo salvaje. Aparezco con el vestido y me miras, con esos ojos de deseo. Finjo que tu mirada no me afecta, pero siento humedecerse mi sexo. Me siento junto a ti, pantalla con pantalla, y mientras trabajas me miras de reojo. Entro en la página que solíamos usar para estas cosas pero me da error así que busco otra de la que nos hablaron hace unos días, me registro e inicio sesión.

¡Voilá! Estoy un poco despistada, no sé dónde ver quién me mira, dónde puedo ver yo, chatear... Pronto entra un chico y saluda. Casi al mismo tiempo, otro. Me pide que le enseñe las tetas, así, sin anestesia, me río. De eso nada, majete, te equivocas de ventana. Aquí no estoy para complacerte sino para disfrutar yo de una situación morbosa y para poner cachondo a mi chico. Se siente.

Entra algún otro chico, una chica, charlan, comentan... Me piden que les vea, que les abra privados... ¡No sé ni cómo se hace! Sigo muy perdida, hago click y una polla aparece en mi pantalla, luego otra, cierro... Vuelvo a chatear. Tú trabajas... Decido pasar a la acción y acaricio mi pecho por encima del vestido. Deslizo la mano bajo la tela roja. Los espectadores de mi video se animan, y me animan, me piropean. Me hace gracia, me estimula. Juego con mi pezón, lo siento endurecer entre mis dedos. Lo dejo asomar a ver qué pasa.

Los chicos responden, ¡vaya que si responden! El número de usuarios conectados a mi sesión aumenta. En pocos minutos supera la veintena. Con una mano sigo acariciando mi pecho, me pellizco el pezón y lo retuerzo. Muerdo mi labio inferior. Eso ellos no lo ven. En sus pantallas, como en la mía, mi escote rojo y media teta. La saco un poco más. 27 usuarios conectados.

Decido dejar de escribir de momento y me acaricio con las dos manos. Giro la cabeza para ver lo que haces. Recostado en el respaldo de tu silla me miras sonriente. Me saco las tetas del vestido y las toco lujuriosamente. Tú empiezas a tocarte por encima del pijama. Masajeo mis pechos, juego con ellos, pellizcándome los pezones y disfrutando de la sensación. 34 usuarios conectados.

Llevo los ojos a mi pantalla. Un chico pide ver mis braguitas. Buena idea. Me pongo en pie, meto las manos bajo el vestido y me las quito... muy despacio... viendo tu polla crecer. Las balanceo ante la webcam. 39 usuarios.

Bajo un dedo a mi coño, visible solo a tus ojos. Está mojado. Ya lo sabes. Un espectador lo intuye, lo pregunta, pide verlo. Alzo el dedo hasta mi boca. Lo chupo. Solo para ti.

Bajo la cámara y en el monitor aparece mi vestido enroscado a la cintura, y mi sexo al aire. 41 usuarios conectados. Lo acaricio con una mano, la otra sigue jugando con mis pezones. Me meto un dedo, lo muevo, empiezo a masturbarme. 47... 48... 49... 52 usuarios conectados. Piden que siga, que me corra...

Lo muevo cada vez a más velocidad, lo meto y lo saco, mojado, mientras sigo masajeándome las tetas. Imagino a los cincuenta pajeándose ante sus monitores, deseando tocarme, morder mis pezones, arrancarme el vestido para recorrer mi cuerpo con la lengua, darme la vuelta contra la silla y follarme. Me dicen obscenidades, pero apenas las leo. Me he puesto de nuevo en pie y, de espaldas a la pantalla, sobo mis nalgas, las pellizco, las abro mostrando mi agujerito... Me inclino más aún sobre el respaldo y sé por tu expresión que mis dos orificios han cogido el control de mi monitor.. Imagino varias pollas corriéndose ante esa visión, para mi. Y yo exhibiéndome para ellos. Pero sobre todo para ti. Hace ya un rato que no miro el contador de visitas...

Miro el reloj, es hora de irnos a la cama. Lo he pasado bien, me despido. Varios me agradecen el ratito, alguno me pondrá verde por dejarle a medias, buscando solo su placer, sin entender que yo también busque el mío.

Desconecto.
Apago.
Apagas.
Me sigues al dormitorio.
Sin quitarme el vestido me tumbo en la cama.


Te desnudas y te arrodillas entre mis piernas. Acaricio tu pelo y gimo al penetrarme con tu lengua.

Me sujetas las manos. Chupas mi sexo y me vuelvo loca. Me rozas el clítoris con los dientes, luego deslizas la lengua por todo mi coño, no sé si mojándome o empapándote de mí.
Me sueltas las manos, las subo hasta los barrotes del cabecero al tiempo que me agarras por el culo apretándome contra tu boca. Y me comes, me devoras, me engulles con ansia. Tu boca consigue que me retuerza de placer entre gemidos. Y estallo al sobrevenirme el orgasmo. No me sueltas, me corro entre violentas sacudidas, quedándome sentada de pronto.

Te hago subir agarrándote del pelo y te beso, aún no saciada de tu boca. Te tumbo, casi con violencia. Tú te ríes y te dejas hacer. De rodillas a tu lado chupo tu pene, que se yergue orgulloso, invadiendo mi boca. Y sigo hasta sentirlo tenso y caliente al recorrerlo con la lengua, de la base a la punta, y lamiéndolo golosa en círculos.

Y cuando estás a punto de correrte me lo quitas, te pones detrás de mi y me follas, salvaje, embistiéndome con fuerza, agarrándome las tetas hasta que, jadeando, estallas dentro de mí y me inundas.

Siento tu semen caliente resbalar por mis piernas y sin dejar que me sueltes, me quedo dormida. ¡Esto del ciber es agotador!

martes, 27 de enero de 2015

Casi puta

Las órdenes eran claras: "Vas a hacer correrse a todos los tíos que haya". Lo confieso, entré asustada. Sabía que a esa hora no serían muchos los hombres en el local. También sabía que yo mantenía mi "derecho a veto", por el cual si realmente alguno de los chicos entraba dentro de mi categoría "claramente no", L. no pondría ninguna traba a dejarle fuera. Pero aun así el juego de ese día me acojonaba un poco.

Sin embargo, no tardé en calmar mis nervios. El primer hombre al que me encontré nada más llegar resultó ser un conocido, uno de esos chicos del ambiente que tira por tierra todas las teorías de los "indeseables chicos solos", por su saber estar, su agradable charla, su respeto y actitud... y esa lengua tan juguetona, vale. Lo admito, aún sin mis órdenes habría acabado follando con él con bastante probabilidad.

Habitualmente no me resulta difícil pedir a un chico que me acompañe dentro pero esta vez fue más fácil aún. De repente le vi entrar, despacio. Y le seguí. Al preguntarle qué hacía me respondió que esperarme. Lo siguiente fue su boca en la mía y sus manos acariciando mi espalda y bajando hasta mi culo.

Nos desnudamos casi con prisas, sin dejar de besarnos, y tomándome por la nuca echó mi cabeza hacia atrás y recorrió con sus labios mi cuello y mis pechos. Al oído le susurré un "quiero que me folles". Mirándome a los ojos me dijo "por supuesto, pero no sin que antes te corras en mi boca". Y tal cual acabó la frase me sentó en la cama. Pero aunque me moría de ganas, tenía órdenes. Y para mi es tan importante mi placer como el de L. Me tocaba ser sumisa.

Le propuse hacer un 69. Aceptó. Me tumbé encima de él y dejé que se sumergiera en mi interior, mientras sus manos acariciaban mis nalgas y mis piernas. Abrí la boca, saqué la lengua y lamí su falo para luego introducirlo en mi boca y empezar a chuparlo.

Él recorría mi sexo con su boca. Yo palpitaba al contacto con su aliento. Cuando su lengua rozó mi clítoris me estremecí. Lentamente deslicé mis labios por su verga pero en lugar de mover solo mi cabeza, dejé que todo mi cuerpo se moviera al compás. Subía y bajaba con mi sexo sobre su cara y él aprovechaba cada uno de mis vaivenes para meter la lengua en mi mojado coñito.

Una de las veces que bajé, me sujetó por las caderas sentada en su boca y comenzó a mover rápidamente la lengua dentro de mí, en un ritmo frenético que casi me hace enloquecer. Sentía la tensión en mi abdomen, mi piel erizada, sus manos presionándome hacia abajo y esa lengua, penetrándome sin compasión...

Estaba a punto de correrme, gemía como una perra... cuando un leve murmullo de telas me devolvió a la realidad, a mi realidad. ¡Mis órdenes! L. aún no me había liberado de ellas, no podía correrme... ¡tenía que cumplirlas! Me abalancé de nuevo sobre su polla metiéndomela hasta que me provocó una arcada. Chupé, mamé y lamí su hinchado miembro con ansia. Juntando un poco las piernas hizo el gesto de pararme sin dejar de comerse mi sexo. Frené un poco, pero solo un poco. Por mis órdenes, y porque me apetecía que se corriera en mi cara, sinceramente. Volví a la carga, a comerme esa polla, a meterla y sacarla en mi boca, erecta, caliente, hasta que poco después, ante una señal suya, la saqué para sujetarla con una mano mientras un cálido chorro estallaba en mi cara. Intuí que, tras esa cortina, mi chico sonreiría satisfecho.

Salí a limpiarme y volví a la barra a saciar una parte de mi sed y a despedirme del chico que, tras ofrecerme seguir y prometerle yo que en otra ocasión culminaríamos lo inacabado, se tuvo que ir.

Y allí en la barra estaba "mi segundo objetivo". Me sabe mal denominarlo así, pero ese día en concreto, así lo sentía. Tampoco se puede decir que les utilizara, ¿no? Quiero decir, vale que formaban parte de un juego que desconocían pero no se fueron insatisfechos. Al fin y al cabo lo pasamos todos bien. Es como follarse a alguien estando tu pareja de voyeur camuflado en un armario... una fantasía que complace a todos los participantes, cada uno por sus motivos.

Llevábamos unos meses sin vernos. Estaba ahí, tan guapo como siempre, tan autoritario como siempre... Estuve a punto, pero muy a punto, de decirle que no porque (una vez más), no llevaba sus condones... (¡mierda de casados adúlteros que tienen que ocultar pruebas!, pensé). Pero, decidida a seguir con nuestro juego, seguí a L. al cuarto oscuro. Él y el otro chico que había en la barra se nos unieron. Su cara me resultaba familiar, luego me confirmó que nos conocía de una de nuestras fiestas, ¡ya decía yo!

Comenzamos a jugar, ellos tres metiéndome mano, besándome y recorriendo  todo mi cuerpo con sus manos y sus bocas. No sé muy bien cómo, acabamos los tres desnudos en la cama, el chico "desconocido" se retiró. Tampoco sé muy bien por qué. Es curioso, del polvo anterior recuerdo detalles, de este apenas. Será que no lo eché tan a gusto. Después de todo la fantasía era ser un poco puta por un día y follarme a los tíos que hubiera, me gustaran o no. La cumplí, creo que a la perfección. Y no me quejo, este chico no me disgusta. Es atractivo, folla bien, pero el morbo con él se ha ido agotando por varios motivos y no disfruté tanto como con otros. De hecho cuando, a cuatro patas, me follaba empujándome a comerle la polla a L. yo estaba deseando que acabase, es lo que tiene follar sin ganas. Decididamente, es la última vez que follo con él. Acabamos, se vistió y se fue. En su línea... con él sí me sentí puta. Y no, no me gustó.

Entramos luego con otro chico... sin comentarios... un "servicio rápido y eficaz"... Se ve que con la gomita le costaba y acabó corriéndose en mis tetas con más pena que gloria. Y yo en mi interior repitiendo como un mantra "es una fantasía... puta por un día... es una fantasía..."   Menos mal que bien está lo que bien acaba. No sería la primera vez que una fantasía largamente deseada acaba muriendo al hacerla realidad, pero no fue el caso, afortunadamente.

Salí del baño con esa sensación rara de "¿por qué me meteré yo en ciertos juegos? Yo vengo aquí a divertirme...". En la barra me esperaba L. Él seguro sabía que no habían sido ni de lejos buenos polvos, pero también estaba claro que no me había sentido forzada en ningún momento, ni humillada, ni violada... simplemente estaba insatisfecha, lo cual supongo, era acorde con la fantasía a cumplir. Mi único disfrute estaba siendo el pensar si L. estaba disfrutando.

Hablamos. Me preguntó si quería seguir. Sí. Después de todo, yo tenía mi palabra, esa que puedo utilizar en cualquier momento para detener un juego. Y no la había empleado, las cosas no habían llegado para nada a ese límite. Aún estaba a tiempo de irme a casa con buen sabor de boca. Nos quedaba una hora en el local. Entre juego y juego algún chico se me había escapado pero eso era inevitable, el don de la ubicuidad aún no lo tengo.

Decidí hacer algo que siempre me sienta bien, y cuando iba a pedirle a R. unas chuches, ya me las estaba sacando el tío ¡qué bien me conoce! ¡cómo no le voy a querer! Ronda de chuches por todo el local, con aceptación casi unánime. Y cuando se la ofrecí al "desconocido", el tipo que L. me había señalado como "próximo cliente", tuve la intuición de que finalmente me iría con buen sabor de boca... y conste que no pensaba precisamente en las chuches.

Físicamente no era un hombre atractivo, ¿para qué mentir? Pero tenía ese punto de timidez y esa mirada cargada de deseo que tanto me ponen. Con el pretexto de las gominolas entablé conversación con él. Breve. Pronto estábamos sobándonos en el interior del local. Minutos después yo agarraba su polla y la de L. y disfrutaba de sus caricias y lametones. Tumbados los tres se dedicó a explorar mi cuerpo e investigar mis recovecos. Pronto me tenían mojada como una perra. Con los pezones erectos me dejaba chupar, enredando las manos en sus cabellos. Disfruté jadeando de su lengua, que marcaba con saliva el borde de mi pubis, mis ingles... Abrí las piernas esperando recibirla en mi interior, y cuando lo hizo... ¡ufff! Creí que me corría en ese mismo instante....

Pero no, porque enseguida la lengua fue sustituida por unos dedos, que se abrieron camino con delicadeza dentro de mi coño arrancando un ronco gemido de mi garganta. Y así, alternando los dedos y la lengua me hizo una comida de coño espectacular. Sus movimientos me provocaron espasmos tan fuertes que en uno de ellos me incorporé. Mis iniciales susurros de "siii, massss..." habían traspasado hacía rato el volumen considerado normal entre personas a tan escasa distancia y ya se empezaban a convertir en gritos, que resonaban entre jadeos y respiraciones entrecortadas. Tal vez fue por eso, por acallarme, que L. acercó su polla a mi boca y yo, siempre obediente, la abrí y me la metí entera. Con movimientos de la cabeza le indiqué lo que quería y, una vez más, mi chico me entendió y me lo dio: me folló la boca sin ningún pudor.

Para retrasar mi orgasmo me arrodillé sobre la cama. Fiel a mi costumbre de disfrutar con los ojos cerrado, me costaba saber en cada momento a quién pertenecían los dedos y bocas que me proporcionaban tal placer. Actuaban como un equipo, perfectamente sincronizados. Yo les correspondía con caricias, besos, mordiscos. Seguí el brazo que ascendía tras la mano cuyos dedos me penetraban suavemente el culo en ese momento y mi mano acabó rozando una polla erecta que rápidamente comencé a masturbar en justa correspondencia. Placer por placer.

De lo que ocurrió a continuación no tengo dudas. Esa forma de provocarme el squirting solo la conoce L. Pero tengo que decir que en esta ocasión contó con ayuda extra. Yo seguía de rodillas cuando sus dedos localizaron mi punto G y empezaron a estimularlo. Mi cuerpo se arqueó de placer y, aunque seguramente hubiera tardado poco en correrme de todas formas, en ese momento el otro chico, observando con curiosidad, agarró mis muñecas y las mantuvo sujetas por encima de nuestras cabezas, impidiéndome cualquier movimiento.

Los dedos de L. junto con la sujeción de F. y el roce de su piel y sus labios contra mi cuerpo desencadenaron en mí el orgasmo, con tal brutalidad que proyecté un potente chorro, el cual impactó de lleno en la cama, salpicando las piernas de los dos chicos, empapando la sábana, el colchón... ¡Brutal!


Apenas pude llegar al baño, tal era el temblor de mis piernas. Necesitaba reponer líquidos. Cuando alcancé la barra estaban ya los dos allí. Comimos y bebimos algo, charlando distendidamente y evitando la pregunta que flotaba en el aire... "¿Volvemos a entrar, no???"   Y volvimos, claro que volvimos.   Los tres. Al otro lado del local, al que permite estar con algo más de intimidad. Y tal vez porque era “mi último servicio”, o porque realmente estaba disfrutando como una auténtica perra, o por las dos cosas, me follaron los dos por turnos, juntos y por separado, hasta dejarme exhausta y quedar ellos vacíos… porque, aunque no hice correrse a todos los hombres que había en el local, al menos sí a todos los que me llevé esa mañana a la cama.

jueves, 15 de enero de 2015

Verte con ella

Me siento muy guarra. Mucho. Pero es que verte ahí follando a esa morena me ha puesto muy cerda.

Vale que a mí me acababan de dar lo mío. Quiero decir que no es que me haya puesto cachonda. No es eso exactamente.  Es el poder compartir contigo ese momento de excitación, de morbo.

Cuando nos has cogido a cada una de una mano y te nos has llevado dentro pensé que bromeabas. Pero entonces los otros chicos nos han seguido. Y la chica alta.

Y has empezado a morrearnos a las dos, mientras los demás se mantenían a distancia. Luego poco a poco se han acercado. Sin tocarnos. La chica alta ha sido la primera en franquear esa barrera, al agacharse delante de ti, entre nuestra maraña de piernas.

Uno de los otros chicos ha estirado el brazo y me ha rozado el hombro. Su delicadeza me ha hecho estremecer y me he girado. No podía suponer que el murmullo que sonó después a mi espalda era el rumor de tus pantalones al caer ante el ataque de esas dos lenguas cargadas de lujuria. Por eso el morbo al verte de nuevo, cuando en sus caricias el chico de nuevo me ha hecho girar y enfrentaros, ha sido aún mayor.

De espaldas a él, con su erección clavada en mi nalga, sus besos en mi cuello y sus manos estrujando mis pechos te he visto acompañar esas dos preciosas melenas morenas. Luego otras dos manos, quizás tres, han comenzado a explorar mi cuerpo.

Sé que he disfrutado, que sus caricias me han provocado escalofríos de placer... pero si te soy sincera, lo que más me excitaba en esta ocasión no era el roce de su piel contra la mía sino verte a ti gozando con ellas dos. O más que veros, adivinaros en la penumbra.

Tras, intuyo, comerte la polla a dos bocas, una de ellas se ha levantado y ha comenzado a morrearte. Luego la otra se ha incorporado también y tú has bajado por el cuello de la primera hasta alcanzar con tus labios uno de sus presiones. Ella ha gemido, probablemente mordiendo su labio inferior, labio que pronto ha sido atrapado por la otra boca femenina.

Alrededor de ese baile a tres nos hemos desplazado todo el grupo hacia un lugar más cómodo. Y durante un rato confieso que he dejado de veros aunque no de oíros. Cuando nosotros hemos acabado he vuelto hacia vuestro grupo.

Y seguíais siendo tres, pero no los mismos. De rodillas sobre el colchón detrás de ella en ese momento la penetrabas, apoyando ambas manos en su espectacular culo, que se movía al compás de sus gruñidos. En tus embestidas empujabas su boca hacia otro cuerpo masculino. Me he situado junto a la cama para observaros mejor. He visto cómo, por fin, la poseías. Sé que tenías ganas.
 
Verte follar a la morena me ha encantado, me ha excitado. Mucho. Y ver cómo después sacabas tu erecta polla de su coño y le preguntabas dónde lo quería, ver sus ojos al responder, y contemplar cómo os corríais los dos en su boca... eso... eso me ha puesto muy cerda.

viernes, 31 de octubre de 2014

"Lo que surja..."

Sí, es cierto, últimamente escribo poco. Algunos me habéis preguntado por qué. Simple. Nada digno de relatar. Ante esa respuesta mía, varios, malinterpretando mis palabras, se han jactado de que eso era porque no habíamos quedado con la persona adecuada y han hecho otros comentarios a cual más ridículos ensalzando sus miembros y dejando patente su absoluta falta de conocimiento acerca de por qué una pareja como nosotros se mete a experimentar aventuras como las nuestras...

En fin, esto daría para una entrada completa y seguramente la escriba, pero otro día. Hoy simplemente lo comento como introducción porque, aunque incluso en el mundo swinger hay rutina, también se rompe. Y aunque se hayan hecho tantos tríos o intercambios que ya no parezcan dignos de relatar de repente un día el morbo cambia de cara, y aparece acompañado de algo diferente. Y si además eso ocurre por sorpresa, sin planearlo, sin citas ni búsquedas, sin apenas conversaciones previas sobre ello... la experiencia para una pareja de mente abierta y con ganas de probar cosas y disfrutarlas, como nosotros, se convierte en algo doblemente placentero. Nos pilló de sorpresa, este verano.

Mismo plan veraniego, misma ciudad. Estas vacaciones incluso más complicado aún eso de escaparse a solas. Tras varios intentos de quedar con gente, con resultados dispares y bastante tensión ante imprevistos, situaciones inesperadas, blablabla... ¡al carajo con todo! Nos largamos a la aventura, o no, a tomar una copa, o a follar, o a que nos de el aire, o al famoso "lo que surja".

Tan a la aventura vamos que decidimos investigar un local de la ciudad que lleva abierto pocos meses. Sorprendentemente, lo encontramos a la primera... raro, no es nuestro estilo :-)  Pero está visto que es el verano de los planes cambiantes, no nos gusta el aspecto que tiene y nos vamos. Hemos salido tarde y, entre unas cosas y otras, no hay mucho tiempo para pensar en alternativas, así que apostamos sobre seguro y aparecemos por un sitio del que guardamos buenos recuerdos del verano pasado.

Nos reciben con los brazos abiertos. Cuesta creer que tras casi un año nos recuerden, solo fuimos allí dos o tres veces, pero congeniamos bien con los dueños. Pronto nos sentimos como en casa. Copa, charla, cigarrito y excursión por el local.

Jugueteo en la mazmorra, bailecito en la pista oscura, roce agradable con un chico educado y respetuoso. Todo va saliendo bien, según lo no-planeado. Disfrutamos de la visión de varias parejas, juntas pero no revueltas, y poco a poco vamos calentando motores. Nos metemos en una habitación los dos solos, dejamos la puerta abierta a "lo que surja". L. me tumba y se agacha entre mis piernas. Pronto sus labios calientan mi sexo. Mmmm, ¡qué ganas tenía de una buena comida de coño! Me penetra con la lengua succionando con los labios, muerde cuidadosamente mi clítoris y su saliva se mezcla con mis fluidos empapándome. Le agarro por la cabeza y arqueo la espalda apretando con las nalgas en el colchón, mientras gimo sordamente. Él levanta un momento la mirada y sus ojos se encuentran con los míos justo antes de que, cogiendo mi culo con ambas manos, vuelva a sumergirse en mi coño como si fuera una suculenta raja de sandía.

Mis muslos se contraen, se me tensa el vientre y el orgasmo me llega. Rápido, corto, pero muy intenso. L. emerge de mis profundidades sonriente y me besa, sugiriendo salir a la barra. Al levantar la cabeza veo que en el pequeño sofá frente a la cama una pareja nos ha estado observando. Apenas me da tiempo a fijarme porque ya salimos. Ella es morena, con el pelo largo, y atractiva. Él alto, rubio, tampoco tiene mal aspecto. Pero no surgió.

Tras dar un trago a nuestras bebidas no nos hacen falta palabras. Los dos queremos más. Volvemos dentro, pero esta vez a la izquierda, a la pista oscura donde, tras los barrotes, se permite el acceso también a chicos solos. Pronto aparece uno, que se acerca despacio y espera una señal para unirse. En ese momento L. me tiene acorralada contra las rejas y me ha bajado la camiseta hasta la cintura, en la que ya estaba enroscada mi minifalda. Se entretiene chupándome las tetas aunque pronto comparte su juguete con el recién llegado que, tras suaves aproximaciones acariciando mis brazos, hombros y espalda - por ese orden - se deja acompañar hacia mi pecho guiado por mi propia mano.

Deslizo una mano hacia abajo y hacia atrás, recorro los barrotes junto a mi culo hasta llegar a mi destino: la abultada cremallera de los pantalones de nuestro acompañante. Me giro para estar más cómoda y, tras abrirle la bragueta, meto una mano en sus calzoncillos, donde una suave polla erecta me espera.

L. me arrima más aún contra las rejas, apretándome entre los dos cuerpos masculinos. El juego de caricias sigue y disfruto de las dos lenguas que consiguen erizar mi piel con sus lametones y jugueteos. Mis manos acarician ambas pollas, firmes y descapulladas. Me inclino hasta que la del chico desconocido queda a la altura de mi cara. La rozo con mi barbilla, después con la punta de la lengua. Él gime y se aparta unos centímetros. Entiendo que no quiere que se la chupe. Tal vez no le guste, no le apetezca, esté a punto de correrse... ni idea. Sea lo que sea, acepto su señal y, dado que no rechaza mis caricias, sigo masturbándole con la mano. Unos minutos después, L. me sugiere salir un rato. Así lo hacemos. Está visto que, aparte de un juego muy placentero, no surge nada más. En otra ocasión será.

Descansamos un ratito charlando con los del local y, visto lo visto, optamos por echar un polvo nosotros, a ver si eso surge... Entramos y, al pasar de nuevo junto a la pista oscura, L. se asoma. Tres siluetas al fondo llaman nuestra atención. Nos quedamos junto a la entrada hasta que nuestros ojos se hacen de nuevo a la penumbra, escuchando respiraciones sofocadas, choques de cuerpos desnudos y gemidos de placer. Se oye también el sonido típico de una felación. Mi sexo de nuevo se empapa y la polla de L. humedece mi mano. Pronto puedo adivinar sombras, y lo que intuyo me excita mucho. Una chica se come una polla mientras se la follan.

Nos acercamos un poco, no demasiado para no molestar. Y poco después, casi a la vez, se oyen gruñidos de dos o tres personas, los otros sonidos se acallan y la chica se levanta. Alguien se ha corrido, es evidente. El chico tras las rejas se va y la pareja se acerca a nosotros. Ella queda detrás de mí, siento cómo unas tetas duras y redondas me rozan la espalda, pero aún sin verla sé que son la pareja de antes, los que estuvieron viendo cómo L. me comía el coño. Su mano me acaricia un brazo suavemente. Otra mano, supongo que de él, toca mi cuello y sube hasta mi boca, dibujando con un dedo mis labios. Mediante una seña, hago saber a L. lo que está ocurriendo, y su respuesta me indica que a él también le apetece ese contacto.

Entonces ocurre algo extraño, hasta ese momento todo ha sido muy lento y suave, pero de pronto él me toma la mano y la dirige con urgencia hasta su polla, ya fuera del pantalón. No me da tiempo a reaccionar, siento el roce del miembro en mis dedos y su cuerpo se separa del mío. Veo su cara junto a mi con una curiosa expresión. Es imposible, ¿cómo puedo tocar su pene en ese ángulo? Y el de L. no es, está delante de mí...

Entonces... entonces lo entiendo todo de repente. Las prisas de él, su mirada expectante, las perfectas tetas de ella... en el mismo cuerpo que el pene que roza mi mano.

Nunca habíamos estado con un transexual. Hemos hablado de ello a menudo pero nunca había surgido. Ellos parecen esperar nuestra respuesta. L. propone ir a una cama. Por algún motivo supongo que él también sabe la peculiaridad que tiene esta pareja. Sé que le apetece tanto como a mí así que asiento y nos vamos los cuatro a un reservado. Solo más tarde, ya a solas, descubro que en ese momento L. no sabe que en ese encuentro son tres los penes que puedo disfrutar.

Llegamos a la habitación y las dos nos fundimos en un abrazo junto a la cama. Luego ella se arrodilla ante mí. Separa los labios de mi vagina con delicados dedos y acerca su nariz a mi clítoris, comenzando a lamerlo golosa. L. se inclina a morder mis pezones y el otro chico se tumba en el colchón y empieza a tocarse sin apartar su mirada de nosotros. Ella me inclina, animándome a sentarme en el borde de la cama, y L. me tumba.

La chica se toca mientras me chupa. Estoy cachonda como una perra, no tardo en correrme entre sus seductores labios. Me mira sonriente, se gira y apresa la polla de L. con su insaciable boca. Le veo disfrutar de la mamada, está muy excitado cuando me pide que me de la vuelta y me ponga a cuatro patas. Ella se pone un condón, aplasta las tetas en mi espalda, clavándome los pezones, y me penetra con su duro falo al tiempo que me muerde el cuello.

De reojo veo cómo L. le acaricia las tetas. Me da la sensación de que ella de nuevo le mama la polla pero no estoy segura. Ante mis ojos aparece la tercera polla, la del otro chico, y me siento tan pero tan cerda que me abalanzo sobre ella y me la meto hasta la garganta. Empiezo a chupar con ansia, ella me sigue follando duro, sus tetas me rozan con cada empujón. Extiende sus manos y me toma las tetas. Grito de gusto. No soy la única. Oigo a L. correrse entre gemidos y su semen me salpica en la cara.

Los duros pezones se clavan de nuevo en mi espalda, un gruñido sordo acompañado de un cálido aliento estalla en mi nuca y un fluido resbala caliente desde mi entrepierna por mis muslos.

Surgió. Al final surgió. Sin planes, sin citas, sin objetivos. Como suelen surgir las mejores cosas.

viernes, 10 de octubre de 2014

Una de esas mañanas tontas


¿Cómo llevas la mañana?
Pues no muy bien... aburrida, hoy no sale nada del derecho. Más de lo mismo.
¿Por qué no te vas a Tabú, o a Momentos?
¿Ahora?
Si. Te tomas una cerveza, desconectas y te relajas. Y seguro que te encuentras a alguien conocido. Charlas un rato y te echas unas risas.
¿Sola?
Venga, a ver si puedo escaparme a mediodía y me acerco.


Por un momento me dio la sensación de que no era tan improvisado como parecía... pero ¿por qué no? No me estaba cundiendo nada la mañana. Me sentaría bien. Suele sentarme bien.

Dicho y hecho. Una ducha rápida, tanga, vestido y la raya del ojo. Al metro.

Sólo el paseíto desde el metro al local bajo el sol ya parece que me levanta el ánimo. Cuando me abren la puerta, tras el beso de bienvenida aparece una cara de sorpresa pero de nuevo, no me parece muy real. Pienso que son cosas mías, que estoy susceptible.

Efectivamente, algunas caras familiares. Una pareja amiga a la que me alegro de ver, un par de chicas conocidas y un chico. A este no le conozco. El dueño me pone una cerveza sin preguntar. Sonríe, me planta un beso en los morros como de costumbre y me pregunta por L. Le comento que no sé si vendrá luego o no. En sus ojos brilla una mirada traviesa al preguntar ¿y vas a animarte tú sola o le esperas? Me río y respondo enigmática con un "ya veremos".

Miro a mi alrededor. La verdad es que no veo a nadie que me llame la atención para nada que no sea charlar ante una cerveza así que le pongo un WhatsApp a L. para informarle de que ya estoy aquí. "Pásalo bien" es su respuesta. Estoy de acuerdo. Es lo que pienso hacer.


Dos minutos después, otro WhatsApp:
- ¿Aún llevas el tanga puesto?
- Siiii
- Quítatelo. Quiero pruebas.

 
Voy al aseo y me lo quito. Obediente. Le mando una foto para que lo compruebe.

Un rato y media cerveza después, ante mis atónitos ojos, aparece F. Hace lo menos un año que no coincidíamos y me alegro de verle. Guapo, trajeado, con esa sonrisa tan atractiva, ese tono de voz que me pone tan cachonda... se acerca y me saluda antes de pedir su bebida.

Se sienta a mi lado. Comenzamos a charlar. Entre otras cosas me pregunta por L., rememora nuestro último encuentro, allí mismo... De pronto se pone de pie, me coge de la mano y me pide que vayamos dentro. Me hago la remolona. Lo siento. Él me gusta. De hecho confieso que he preguntado por él en el local varias veces e incluso la dueña me ofreció avisarle el día que quisiéramos verle... No es que no me apetezca sexo con él, pero aún no. Necesito desconectar un poco, disfrutar de mi cerveza... Bueno, vale, y que me conquiste, que me seduzca... Lo siento pero que hayamos estado un par de veces juntos no le da derecho a nada especial. Significa que ocurrió. No necesariamente que vaya a volver a ocurrir. Me gusta sentirme deseada, ver cómo ese deseo crece... Suelto la mano que me apresa y recupero mi cerveza. No insiste. Hace bien.

Seguimos conversando y una chica se nos une. Empezamos a tontear las dos, bromeando acerca de mi tanga, enroscado en mi muñeca "para no perderlo", de lo fresquita que voy, F. me acaricia la espalda, llega al borde de mi vestido y lo levanta jugueteando, para comprobarlo. Sus dedos recorren mi piel, que se eriza a su contacto. Suavemente me atrae hacia él, sentado en un taburete, y me sitúa entre sus piernas. Continúa con sus caricias. Me besa en el cuello, en la oreja. Me dejo llevar mientras pienso "ahora sí vamos bien".

Llevo una mano hacia atrás y yo también le acaricio. Sus dedos alcanzan mis pechos, primero por encima del vestido, luego se introducen tímidamente por debajo. Me gira y me besa seductor. Siiiii. Sin soltarme la cintura me apresa entre sus piernas. Siento su erección. Su deseo. Ahora sí.

Vamos dentro. Me saca el vestido por la cabeza y se lanza a devorar mis pechos gimiendo y haciéndome gemir a mí. Le ayudo a desnudarse, más bien le arranco la ropa, empezando por la corbata, ese adorado fetiche mío, que le aflojo cuidadosamente mientras le como la boca. Me tumba en la cama y se tumba sobre mí. Nos besamos, él sujetando mis manos. Acaricia mis tetas, las introduce en su sensual boca mordisqueando mis pezones. Hace que me retuerza de placer.

Luego se tumba y me pide que me siente encima. Lo hago y ahora soy yo quien controla. O eso parece. Él se deja hacer, se deja besar, gruñe con gusto cuando recorro su pecho con la lengua. Ronronea al acercarme a su vientre, al bajar más allá de su ombligo, se estremece al sentir mi aliento en su pubis.

Recorro con la lengua sus ingles, frotando mi nariz contra su miembro. Le lamo los huevos y me aovillo entre sus piernas. Por fin me meto la polla en la boca y comienzo a chupar, alternando el ritmo. A veces más suave, a veces más fuerte. Y le veo gozar. Mamo con deleite un buen rato. Y de pronto siento la necesidad de que me folle. Cojo un condón, se lo pone y me siento sobre él, despacio, sintiendo cada centímetro de su erección avanzar en mi interior. Luego alzo el culo y vuelvo a bajar, esta vez con más fuerza. Repito una vez más aumentando el ritmo. Y otra. Y pronto mis tetas botan sobre su cara entre quejidos y gemidos, sujeto sus muñecas sobre el colchón y caigo clavándome su polla una y otra vez. Luego aminoro el ritmo y sigo moviéndome más despacio, elevando las caderas con las rodillas a ambos lados de su cintura. Y él me mira, los ojos llenos de deseo.

No les he oído entrar pero cuando siento otra mano acariciar con suavidad mi culo giro ligeramente la cabeza. Junto a la dueña del local, creo percibir un rostro familiar en la penumbra. ¡No puede ser! Entonces la voz susurra "sigue, no quiero interrumpir". ¡Es! ¡No me lo puedo creer! Me paro un momento, le miro y no puedo evitar sonreír. "Hola, me alegro de verte... no te vayas...". Sigo con F. Ni puedo ni quiero dejar esto a medias. Pero me gusta que haya venido H. No deja de ser casualidad... Los dos chicos por los que he preguntado últimamente en el local... y aparecen los dos el mismo día... el día que voy sola... el día que me apetece sentirme muy deseada... el día que... Un momento, las casualidades no existen. ¿Ha podido avisarles la dueña? No creo, no suele hacer cosas así, pero sabe cuánto me gustan los dos. No hace ni un mes estuvimos L. y yo hablando con ella de llamarle y quedar... L. ... lo pasarás bien... relájate... desconecta... Y si... ¿ha podido hablar L. con ella y organizarlo todo? Eso sí suena creíble...

Dejo de pensar y me concentro de nuevo en la polla que se hunde en mi interior, las manos que hacen mi cuerpo subir y bajar, la boca que lame mis pezones en cada movimiento. Y la mano que, lentamente, se acerca por detrás de mí y eriza mi piel.

Un torso desnudo roza mi espalda y me veo entre los dos, arropada por sus cuerpos, con sus manos explorando todos los rincones de mi piel y sus bocas depositando besos y suaves mordiscos por toda mi anatomía. Un dedo de H. juega en mi culito y poco a poco se abre camino provocándome placenteras sacudidas que se traducen en una, aún más si cabe, profunda penetración de F. al que siento dentro de mi coñito a punto de estallar. Su boca me busca, jadea y gruñe junto a mi oreja y entonces la firme erección de H. se clava en mi nalga.

No soy yo, es mi cuerpo el que reacciona inclinándose hacia delante y dejando mi trasero expuesto a los deseos de H. sin dejar de moverse ante las embestidas de F. en cuyos ojos leo que también sabe lo que está a punto de ocurrir.

H. se mueve a mis espaldas, sujeta mis hombros con firmeza y poco a poco me penetra por detrás. Aullo, en una mezcla de placer, sorpresa y dolor. Él queda quieto, su aliento tranquilizador en mi oreja, su sensual voz susurra un "¿te gusta?". Bien lo sabe, pero espera mi respuesta antes de acompañar mi "siiiii" con un nuevo avance. Mi cuerpo cede y se acomoda. Sin embargo el pene de F. se ve expulsado de su cálido resguardo. Me quedo quieta y les dejo hacer. Ellos me sujetan se coordinan, me relajan con caricias y besos y poco a poco ambos miembros encuentran su posición y me invaden.

Entonces se inicia la coreografía y quedo totalmente a su merced. Ellos se mueven, me follan, a la vez, o alternativamente, encuentran un ritmo cómodo en que sus pollas me penetran una por delante y otra por detrás al ritmo de los quejidos, gemidos, gruñidos y jadeos. Y cuando creo que no puedo sentir más placer, F. me lleva los brazos hacia atrás y me agarra del pelo, dominante, al tiempo que H. me sujeta por las muñecas. Sin mediar una palabra ambos aumentan la fuerza de sus embestidas y en medio de ese ritmo frenético veo aparecer a mi lado a L., recién llegado y sonriente, que contempla con mirada viciosa la escena y toma asiento a unos centímetros de nuestro sandwich.

Por un instante soy consciente de lo cerca que estoy del orgasmo. Suelo tardar bastante en llegar pero mi excitación es tremenda. De hecho pocas situaciones podrían llegar a ponerme tan cachonda: dos tíos top ten, a los que hace tiempo tenía ganas, ahora a la vez, llenándome por todas partes... solo mejorable si L. me metiera ahora mismo la polla en la boca. Todo esto me cruza por la mente en apenas un segundo y cuando giro la cabeza para pedírselo a L. de pronto mi imaginación decide que solo pensar en la escena ha sido suficiente y el placer estalla en mi vientre y se propaga por todo mi cuerpo de forma inmediata. Ante mi grito F. y H. se pegan al máximo a mi cuerpo y se quedan quietos por un instante.

Luego caigo, apoyo la cabeza en el pecho de F. y poco a poco mis propios espasmos expulsan a ambos. H. se retira y, galantemente, me acerca mi cerveza. Ruedo y me quedo tumbada sobre la espalda junto a F. Necesito un par de minutos para recuperarme.

Menos mal que solo un par, no parecen dispuestos a darme una tregua mucho mayor. Unos tragos de cerveza, un poco de higiene de todos y por supuesto un saludo a L. junto con una petición formal de unirse. Me muero de ganas por saber si ha sido L. quien ha preparado esta sorpresa, o alguien del local que me quiere y me conoce bien, o un capricho del destino... Pero decido que eso puede esperar, y mis chicos no. Seguramente pronto tendrán que volver al trabajo y no voy a permitir que se vayan así. En ese par de minutos estoy lista para reanudar la sesión y corresponder a mis acompañantes. Placer por placer. Y ellos me han dado mucho.

Durante la siguiente media hora cierro los ojos. Quienes me conocen saben que es como más disfruto. Cuando niego a mi cerebro la vista y debe aprovechar al máximo todos los estímulos que recibe por otras vías. Durante esa media hora me entrego al placer de dar, he recibido bastante. Siento las tres pollas, en mi boca, en mi coño, en mis manos, en mi culo. Su roce, su fuerza, su sabor. Disfruto de sus embistes, de los sabores y olores, de esa mezcla, de esa morbosa sensación de no saber de quién disfrutas y quién te disfruta.

Y siento besos, caricias, a una mano, a seis; dientes que me mordisquean, lenguas que me lamen, bocas que me chupan, mientras yo correspondo con mis manos, mi boca, todo mi cuerpo a su disposición. Mezclo sabores y olores. Dedos y pollas que me penetran, me masajean y me follan.

Finalmente los tres se corren en mí, dentro de mí, y por encima, por delante y por detrás, en una auténtica orgía de la que soy protagonista privilegiada.


Cuando, extenuada, abandono el local, de nuevo pienso en la casualidad. Pero la pareja que lleva el local responde a mi duda con una enigmática sonrisa. Y "mis tres chicos" ya se han ido, cada uno a atender sus cosas. Vuelvo a casa. En cuanto pille a L. le pregunto. Bueno no, primero voy a contarle que hoy al final no fue un día aburrido. Que no tuve más de lo mismo. Y voy a compartir con él la parte que se perdió. Y... ya mañana si eso le pregunto. O no.
(c) 2011 NINA & Lucas

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