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Atracción visual

Lo confieso. Esta vez me dejé guiar por los ojos. No suele ocurrirme. Normalmente me decido a estar con un chico por otros motivos. Suele tener que ver con una charla interesante, una mirada cargada de deseo, uno o varios ratos previos en que me sienta tan a gusto que quiera que las cosas vayan más allá. Pero a veces las cosas pasan, aparece un chico guapo y... sin más, se me van los ojos (y las manos y la boca y...). En mi descargo tengo que decir que si, pasado ese primer momento hormonal, me encuentro tras la bonita fachada un bruto, un egoísta que solo piensa en su propio placer sin compartir nada, o un imbécil integral, no tengo absolutamente ningún reparo en frenar en seco y quedarme sin disfrutar de su belleza. El caso es que cuando llegué él ya estaba en la barra. Me miró con curiosidad, supongo que por aparecer yo sola. Aunque igual mi blusa transparente tuvo algo que ver... no creo, había poca luz como para darse cuenta de que no llevaba nada debajo, o tal vez sí. Bueno...

Detrás de la cortina

Te hice un guiño. "No pasa nada, otro día será" . Te tengo muchas ganas, ya lo sabes. Y nuestra cuenta de cosas pendientes crece... Un día bromeando te dije: "es que quiero pillarte con ganas" . Muy serio me miraste a los ojos y respondiste incrédulo "¿más?" antes de abalanzarte sobre mi boca. Pero ese viernes tampoco iba a ser. Estabas en el local con otra persona. Eso no quita para que pasáramos todos un rato muy bueno en la barra charlando, bromeando, jugando, provocándonos abiertamente entre todos... Pero cuando os metisteis supe que esa noche ella te quería disfrutar a solas. Habría más ocasiones, seguro. Me encargaría personalmente. Os seguí pocos minutos después. Me quedé en silencio tras la cortina. Veía recortarse vuestra silueta. Tú de pie, sobre la cama. Ella arrodillada ante ti, de espaldas a mí. Me quedé escondida disfrutando de la escena. De su suave vaivén al ritmo de tus suspiros. Entreabrí la cortina un poco, lo justo para que te dieras c...

Al otro lado del teléfono

Se quitó de detrás de mi y sonriendo con picardía me acercó el móvil diciendo "llámale" . Justo lo que L. esperaba... Mentes masculinas. Allí de pie, desnuda en medio de la habitación, cuando estaba a punto de marcar su número, mi móvil sonó. Era L. Por supuesto, sabía que había quedado con él. A qué hora, dónde... y lo que con toda probabilidad estaba ocurriendo. Pero en esta ocasión él no iba a poder presenciarlo. Iba a tener que contárselo yo. Esa noche le contaría cómo, tras una breve charla, le había ayudado a desnudarse. Cómo él me había arrancado la camiseta mientras me comía la boca. Cómo me había bajado los pantalones y me había tumbado antes de sacármelos. Le explicaría cómo había jugado con su lengua en mis tetas. Cómo yo había saboreado su miembro agachada delante de él. Aunque seguro que lo imaginaba, le detallaría cómo luego me había tumbado boca arriba y me había hecho correr con su boca. Lo que a lo mejor no imaginaba era que luego se había tumbado enc...

¡Maldita prudencia!

Tras dudarlo un buen rato decidimos ir a nuestra casa los cuatro. Durante la cena informal el ambiente se había ido calentando: la charla, las bromas, los roces más o menos intencionados... bueno, y las ganas que ya nos teníamos antes de esa noche, claro. Pero no estábamos solos y... ¡Maldita prudencia! Camino del coche la cosa aún se puso mejor. Mis medias decidieron cobrar vida propia y deslizarse hacia abajo por lo que tuve que pararme en medio de la calle de Alcalá, con la falda "remangá" y solucionar el tema. Vi sus ojillos brillar. Y los de L. también. La conversación, como era lógico, derivó inmediatamente hacia la ropa interior y H. aprovechó para mostrarnos, también en plena calle de Alcalá, su precioso sujetador nuevo, uno de esos sin tela por delante, solo aros y encaje, que dejaba sus preciosos pechos al descubierto. A veces agradezco aquel curso de autocontrol que hice... fue difícil no saltar sobre ella!! ¡Maldita prudencia! Creo que a esas alturas estábamos...

En silencio

Tenía ganas de conocerle. Habíamos chateado a menudo durante meses y un día desapareció. Me dio pena pero eso es algo que ocurre con cierta frecuencia, la gente viene y va y más en un chat, así que lo asumí como algo normal y, pasado algún tiempo, no volví a acordarme de él. Por eso cuando, de pronto, en aquella quedada, se me acercó y me reveló su identidad, me quedé de piedra. No nos habíamos visto nunca, ni por cam ni en fotos. No me lo había imaginado más alto, ni más bajo, más joven o más viejo, rubio o moreno... Simplemente me gustaba su charla, y su forma de escribir. L. al principio me decía si era uno de "esos" chicos solos y yo le decía que no, que era "de los otros". Con "esos" nos referíamos a los típicos desesperados que van buscando meterla en cualquier agujero, eso sí, de gratis, y que me entran con la actitud de "ya sé que tu marido no te da lo tuyo pero tranqui, nena, que aquí estamos mi polla y yo para salvarte" . No, con...

Fantasía de hoy

Estoy sentada junto a la chimenea, ensimismada contemplando el fuego. Suena mi móvil. Nada importante pero me hace recordar algo. A ti. Yo tenía deberes. “Hazle lo que me harías a mí”, me habías pedido. Le miro. Está plácidamente tumbado en el sofá. Realmente voy a hacer mis deberes. No sólo porque sea muy obediente sino porque, además, me apetece… me muero de ganas. Le miro sonriente y empiezo a acariciarme por encima de la ropa. No tarda en darse cuenta y él también sonríe. Me levanto la camisa y le dejo entrever mis pechos. A ti también. Porque realmente lo que te haría a ti es, para empezar, sentarte también en el sofá. A su lado. Entonces me doy cuenta, ya estás aquí. Si no físicamente, sí tu presencia. Estás justo ahí, en el sofá. En ese rinconcito de mi fantasía donde ya te he permitido estar otras veces. Me dirijo al sofá y me arrodillo en el suelo, en la alfombra, entre vosotros dos. Os abro la bragueta del vaquero y meto mi mano, acariciando ese bulto bajo la ropa interior,...

Llueve sobre mojado

No me lo puedo creer... lo presenté a un concurso de relatos y gané... Estoy muy contenta porque me divierte escribir, me excita excitar y... bueno, aquí está :-) - “¡Anda, pasa, que estás empapada!” Tenía razón. No hacía falta ser muy listo para darse cuenta. Y Sergio, su vecino, además de guapo era listo. A través de su melena chorreante pudo ver cómo le sujetaba la puerta pacientemente mientras ella luchaba contra el aire, su bolso y el maletín intentando cerrar el dichoso paraguas. Total, para lo que le había servido llevarlo… le explicó torpemente. Sin dejar de mirarla se sonrió. Una de esas sonrisas que te deja sin respiración. ¡Al fin pasaba algo bueno hoy! Entraron en el ascensor. Los dos llevaron la mano al botón y se produjo un breve roce. Sería por la electricidad estática o por lo que fuera pero sintió una descarga que erizó su piel. Los dos se rieron. ¡Qué tontería! Como dos críos tramando una travesura.   Como es costumbre, en el ascensor hablaron del tema por...